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Full text of "Martha Costa De Carril 1908 Sobre Feminismo. La Madre"

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Martha Costa de Carril 

( Gala Placidia) 


SOBRE FEMINISMO 


LA MAPRE 


II n’y a qu’un bonheur 
Ce deuoir 

II n’y a qu’une consolation 
Ce trauail 

II n’y a qu’une jouissance 
Ce beau. 

Carmen Silva. 

II n’y a qu’une recompense 
C’amour. 

Gala Placidia. 


Wonteuideo 

Talleres R. Barreiro y Ramos, Bmé. Mitre 61 

t 9 0 $ 





LA MAPRE 




Martha Costa de Carril 

(Gala Placidia) 


SOBRE FEMINISMO 


LA MARRE 


II n’y a qu’un bonheur 
Ce deuoir 

II n’y a qu’une consolation 
Ce trauail 

ll n’y a qu’une jouissance 
Ce beau. —' Carmen Silva. 

II n’y a qu’une recompense 
C’amour. — Gala Placidia. 


Monteuideo 

talleres R. Barreiro y Ramos, Bmé. Mitre 61 

19 0 $ 





Fiesta del Libro 


t- Concurso Literario 
de la Biblioteca del Consejo 
nacional de Mujeres 
de la República Rrgentina. 


Tema: Progreso 'Femenil 
Premio de 300 $ m / n 

instituido 

por la Sra. Emilia L de Gorostiaga 

Opúsculo premiado: 

“Salve IHaría” 

Presidenta de la Comisión de la Biblioteca, 

Sra. Carolina L de Rrgerich. 

Secretaria, 

Sta. Mercedes Moreno. 


Buenos Rires, Octubre 190$. 





La presente edición de TOO ejemplares 
ha sido donada por su autora 
á la loable y filantrópica Institución 
Liga contra la Tuberculosis 
de la República Oriental del Uruguag. 



$ de ttooiembre de 1908. 


R la memoria 
de mi Padre. 






Cenia: Salve ¡Haría 


SOBRE FEMINISMO 

LA MAPRE 


“ C’education c’est l’art de con- 
naítre son deuoir et de limiter 
sa liberté. —' Carmen Silva”. 


Diré, imitando á Flarcel Prevost, que no sé muy 
bien lo que significa la palabra “feminismo” y 
añadiré que encuentro la misma palabra algo ridi¬ 
cula, porque exterioriza con demasiado énfasis, una 
independencia más aparente que real, dado que po¬ 
cas son las mujeres que estén convencidas por su 
propia cuenta, que llegado el caso de optar, desea¬ 
rían y admitirían ese divorcio moral entre ella y el 
hombre que trae y traerá cada vez más seriamente, 
el aferrarse ellas á formar un cónclave aparte. 

Por eso, á pesar del camino que en Europa 
hace el decantado “feminismo” entre aquellas (quiero 
creerlo) que no pueden ó no saben emplear sus 
energías de modo más conforme á la mujer, espero, 




que no se desarrollará entre nosotros, esa epidemia 
de brutal protesta contra las leyes divinas y hu¬ 
manas que Dios ha creado. Esto, es, la unión per¬ 
fecta del hombre y de la mujer. 

Platón dice, que es necesario que el hombre en¬ 
cuentre en la mujer su complemento, y Steel notable 
escritor inglés, hizo á una mujer el mejor de los 
cumplimientos al decirle “que haberla amado equi¬ 
valía á la más perfecta de las educaciones”. 

El progreso moderno en cuanto á educación de 
la mujer no está en contra de que su instrucción 
sea lo más esmerada posible, pero esta instrucción y 
este progreso que lleva á la mujer á ocupar un 
puesto cerca del hombre en el combate de la vida, 
no quiere decir en manera alguna que se llame 
“feminismo”, rio hay que confundir. 

R medida que la instrucción se ha difundido 
en todo el orbe, así que el bello y débil se*o ha 
bebido en las fuentes del saber sin distinción de 
clases, la individualidad intelectual de la mujer ha 
despertado fresca y reposada por el largo sueño en 
que sus energías permanecían inactivas, y entonces 
se ha visto el hermoso esfuerzo que ella ha hecho, 
por recuperar el tiempo perdido. Hasta aquí, todo 
va bien. 

£a mujer que es madre del hombre, que es la 
que le dió vida y que antes que el hombre mismo, 
ó sea el padre, es dueña absoluta del hijo que más 
tarde, hombre á su vez, formará con otra mujer la 
armónica unidad del amor humano.^ Esta mujer, esta 



madre, es necesario, que sepa y comprenda los de¬ 
beres sagrados que su-estado de soda moral é in¬ 
telectual del hombre le impone. 

Iujo heads in council, hoo heside the hearth 
two in the tangled business of the ujorld 
tino in the liberal offices oí Ufe . 

(Dos cabezas en el consejo, dos cerca del hogar, 
dos en los asuntos embrollados de este mundo, dos 
en las funciones honrosas de la oida]. 


II 

Do hay pues que poner trabas á la instrucción 
y educación de la mujer de todas las clases socia¬ 
les, aunque conuiene estudiar lo que de mejor pro- 
oecho resultará para cada clase misma. 

Es sensato y de indiscutible prouecho para la 
cioilización de tas sociedades y el bien de la huma¬ 
nidad, fomentar por todos los medios posibles, el 
que la mujer desde niña en el banco de la escuela 
ó dentro del mismo hogar, comprenda, que ella es 
una entidad que puede tener su personalidad propia, 
y adquirir cierta autonomía é independencia, por el 
esfuerzo de su trabajo, que más tarde complemen¬ 
ten y concuerden con los propios esfuerzos del hom¬ 
bre elegido, cimentando de este modo, en una dua¬ 
lidad perfecta y armoniosa; el “Hogar” punto que 


ninguna mujer normalmente dotada, debe de oloidar. 

“ El amor, dice Emerson, es un fuego que en¬ 
ciende sus primeros rescoldos en el rincón más 
profundo y secreto del corazón y de allí parten sus 
chispas que irradian, abrasan é iluminan la exis¬ 
tencia. El Hogar doméstico es el dominio de la 
mujer, su reino, su mundo, allí gobierna por su 
ternura, su bondad y por la fuerza de su dulzura. 
Hada apacigua tanto la turbulencia del hombre, 
como su unión en la uida con una noble mujer”, 
dice Smiles.—y así, todos los grandes hombres, los 
sabios, los escritores y poetas, están acordes en que 
la mujer en el hogar es donde mejor y más puede 
desarrollar su imperio y facultades. 

Para aquellas que la suerte las destine á per¬ 
manecer solteras, ó las uicisitudes de la oida las 
coloque en calidad de jefes de familia, es también 
útil y necesario la instrucción y el progreso alcan¬ 
zado por ella. Rsí podrán desenooloerse con serena 
seguridad en las dificultades cotidianas de la exis¬ 
tencia. 

Creo que la independización de la mujer mo¬ 
derna, debe comprenderse como la formación de un 
ser consciente de sus responsabilidades, sean ellas 
cuales fueren, con una disciplina de la noluntad des¬ 
arrollada, y moral é intelectualmente que se consi¬ 
dere, complemento integrante del hombre y no su 
competidora. 

Rsí, creo prudente, rechazar para ella, las 
carreras demasiado ostentosas, la libertad absoluta 



g todo lo que exige una lucha incompatible con su 
fisiología; pues, en ningún caso hag que perder de 
uista á la mujer como madre, 

61 ilustre profesor Ferri acaba de decirlo: ¿Para 
qué quiere la mujer ser genio, si ella es la que crea 
á los genios?... y tiene mil ueces razón el ilustre 
maestro. £a mujer tiene esa gran uentaja. Su cere¬ 
bro puede no crear obras notables, pero puede crear 
los cerebros mismos. ¿ Hag algo más hermoso? 

Para este fin, es preciso equilibrar sus fuerzas; 
g así como la abeja liba el jugo de las flores para 
hacer su miel, ella debe libar en sus años de estu¬ 
dios, aquellos conocimientos que se adapten más g 
mejor á su inteligencia, á nuestra sociedad g á la 
clase social en que actúe, para formar con ellos la 
miel, que le será útil en la ruta de la uida. 

£s necesario después, que estos mismos estudios 
g conocimientos los uaga ordenando por etapas 
dentro de sí misma, rechazando aquello que es inútil 
g que le impida marchar en la selua de la uida, 
como quien corta la maleza que obstruge la marcha; 
bajándose á recoger todas las flores que encuentre g 
que más tarde formarán el bouquet, que en la época 
de las luchas aromatizará su existencia. 



III 


í a base de toda educación femenina, es á mi 
juicio la religión cristiana, por ser la más pura y 
hermosa y constituir el único apoyo seguro para 
nuestra estructura moral, mezcla de sentimentalismo 
imaginativo, é impresionabilidad razonada, con ri¬ 
betes de apasionado idealismo. 

£eón Daudet lo ha dicho: “Aquellos que preten¬ 
den que la ciencia moraliza y que podrá algún día 
reemplazar á la religión, es porque ellos no han des¬ 
cendido en los abismos de la curiosidad, vecina de 
la perversidad ”, y más adelante añade: “El último 
término de la ciencia moderna, es destruir el alma, 
para reconstruir un autómata, que es la caricatura 
de la vida”. 

yo no voy tan allá, ni creo se deba hacer respon¬ 
sable á la ciencia, á la bendita ciencia, de estas 
desilusiones, pues ella ha iluminado con reflejos de 
brillo santo los cerebros de los sabios, para alivio 
de tanta miseria humana; pero no la admiro, inde* 
pendiente de la acción divina, antes bien, creo que 
todos sus propagadores son inspirados é impulsados 
por el misterio superior y que una mano invisible 
los va guiando en sus investigaciones. 

Siempre eariste al final de toda filosofía y des¬ 
cubrimiento científico, en su acción evolutiva, una 
última pregunta, que los sabios dejan suspendida, 



para que respondan á ella las generaciones futuras, 
y estas llegan y se uan y alrededor de tanta luz, 
siempre hay algo que no satisface, que no es, el 
Rué Inaccesible de la Uerdad definitiua. 

Ca mujer cuyo cerebro según Eombroso, no tiene 
la misma capacidad que el del hombre y por lo 
tanto no puede abarcar, sin detrimento de su ar¬ 
monía física y moral, los horizontes que son domi¬ 
nio de él, debe apoyarse y agrandar su propio 
horizonte, en el sentido de fortalecer su espíritu en 
la fe y resignación cristiana, agrandando al mismo 
tiempo su acción moral. 

Toda mujer debiera poseer un uolumen de la Imi¬ 
tación de Cristo, libro que es un oásis en el des¬ 
amparado desierto de la uida, libro que siempre 
responde á nuestras preguntas, fortificando el yo 
íntimo ; libro que ordena nuestras tumultuosas pasio¬ 
nes y deseos; libro admirable que responde á todas 
las preguntas que las almas doloridas le hacen. 

Rpoyada la mujer en la fe, consciente de su 
personalidad, fuerte en su resignación, con la no¬ 
luntad pujante como la proclama tlietzsche, sabedora 
de sus deberes, y cumpliéndolos sin eludirlos é ins¬ 
truida, debe saber elegir aquello que le será útil en 
la uida. 

Cl destino es ciego y caprichoso, ninguna sabe 
cual será el suyo hasta el fin de la jornada; pues 
si bien hay existencias que se deslizan tranquilas, 
hay otras que están plagadas y azotadas por crue¬ 
les, dolorosos y difíciles problemas: es entonces que 



la mujer debe de secar sus lágrimas para mirar de 
frente el lote que le toca, tratando de rehacer su 
uida, en medio de su propia miseria y de la ruina 
moral y desastre material de los suyos, si le corres¬ 
ponde este rol, como jefe de familia; ó simplemente 
si es casada, ayudar y consolar al hombre que es 
su compañero. 


IV 

61 cultiuo de la inteligencia, ha hecho franquear 
á la mujer esa semi esclavitud en que muía respecto 
al hombre. 

Esto, la coloca hoy en condiciones de ser su 
socia, su compañera, su ayuda y su apoyo moral,— 
pues si él materialmente por su físico, aporta el 
sostén de los fuertes, ella por su naturaleza delicada 
y sus nobles sentimientos, fomentados por una dis¬ 
ciplina moral alta y pura, es el natural sostén en 
las crisis morales del hombre. 

Por esto mismo, no hay hoy barrera que se 
oponga á que la mujer someta á un refinado cul- 
tiuo su inteligencia, al contrario, esto será siempre 
en prouecho del hombre,—y en pro de mi aserto oid 
lo que sobre el particular dice Sydney Smith: 

“ 61 hombre da mas ualor á la cultura del es¬ 
píritu que á todos los otros adornos, que muchas 
ueces no comprende, aunque también lo seducen. 6s 



un error creer que ta literatura ó el saber, hace 
incapaces á las mujeres de llenar sus deberes dia¬ 
rios, puesto que hag hombres eminentes, g sabios 
que reparten su tiempo entre serias tareas, teniendo 
su atención en las cosas más humildes al mismo 
tiempo. Rutes bien, la literatura g el cultiuo inte¬ 
lectual en general, da á las mujeres un ualor real 
defendiéndolas contra sus principales enemigos, la 
frioolidad, g el hastío. Ca sociedad tas estima más, 
pero es necesario que sepan hacer uso de sus talen¬ 
tos con discreción.” 

és así como comprendo yo el “feminismo”, ya 
que hag que darle ese nombre al progreso actual de 
la mujer en las sociedades modernas, y creo que es 
así como lo fomenta y comprende la noble institu¬ 
ción del Consejo Racional de Mujeres, de la Repú¬ 
blica Rrgentina. 

£s de esperarse sin embargo, que las argenti¬ 
nas, no tengan ueleidades de traspasar esas barreras 
que las separan de ciertas profesiones ó estados del 
erclusiuo dominio masculino. 

Rdmitamos hasta cierto punto, la mujer médica, 
en bien de los niños y de la misma mujer, por más 
que lo creo incompatible con el estado de madre de 
familia y atenciones del hogar, dado que una mé¬ 
dica, tiene que muir casi todas sus horas fuera de 
él y descuidando su carrera, perdería su clientela y 
su ciencia. 

Combatamos ardientemente á las mujeres abo¬ 
gados, escribanos, ingenieros, diputados y sufra- 



guistas en general. £a mujer oradora callejera, es 
un tipo repugnante. 

Hay que hacerle entender á la niña desde la 
escuela, que trabajando por una liberación absoluta, 
conspira contra ella misma, extremando los derechos 
que ha adquirido ya de tener voz y voto en el capí¬ 
tulo del hogar y la familia. 

Separarse por completo del hombre, es asumir 
demasiadas responsabilidades. 

Muy lejos están efectivamente aquellos terribles 
maridos de la Edad Media, ante quienes sus muje¬ 
res no osaban levantar los ojos, y que eran esposas 
sin voluntad y madres sin derechos, casi sin hijos, 
pues fuera de la función de darlos á luz, no inter¬ 
venían para nada en sus destinos, desconociendo 
las más de las veces, hasta sus sentimientos y ca¬ 
rácter; y no osando defenderlos contra los furores 
casi siempre injustos, del dueño y señor de sus 
vidas. 

Hoy en nuestros tiempos, es la mejor conquista 
que ha hecho la mujer : es madre de sus hijos y res¬ 
ponsable como el padre, de sus destinos en gran 
parte. R lo menos tiene los medios adquiridos por 
sus luchas hacia la independencia para cumplir este 
deber: El de ser madre! . . . Madre! ... He aquí 
un nombre que todos hemos balbuceado cuando 
niños y que seguimos balbuceando ya mayores y al 
que toda mujer después que su alma se ha abierto 
al amor, aspira por instinto de su propia natura¬ 
leza cuando esta no está desequilibrada por algún 



estado morboso ó imperfecto, — sin embargo, cuán 
pocas comprenden su grandeza, en toda su impor¬ 
tancia humana. 

Rntiguamente se rehuía hablar ante las niñas 
de este sagrado estado, hoy felizmente estamos lejos 
de esa inútil hipocresía y sin manchar la pureza de 
una virgen debe enseñársele y educarla para que 
tenga la noble y santa aspiración de cumplir con 
su deber de madre. 

Generalmente, se les habla á las jóvenes que 
van á casarse, de fortuna, de ajuar, de lujo, de re¬ 
laciones sociales, de diversiones y de mil otras exte¬ 
rioridades, que si bien no condeno en absoluto, 
dado que soy partidaria de que la mujer conserve 
todos los medios de ocupar un puesto en la socie¬ 
dad, creo que todo esto es muy, pero muy secunda¬ 
rio, ante los reales deberes y las serias responsa¬ 
bilidades que asume una mujer al casarse y que 
pronto llegará á ser madre de familia. 

Ser madre no es solamente dar á luz el hijo y 
cuidarlo físicamente en su edad temprana, esto lo 
hacen las aves y todos, casi todos los seres irracio¬ 
nales. lio, hay otra misión que dobla la de esta ley 
natural y es, la de despertar la conciencia del niño, 
robustecer su voluntad, guiarlo, corrigiendo ó des¬ 
arrollando tendencias, que formen su ser íntimo, 
para que pueda conocerse á sí mismo, estudiarse y 
endurecer por decirlo así, las moléculas dispersas 
de su ente moral, que determinen luego la forma¬ 
ción de un hombre ó de una mujer perfectos ó lo 
mejor posible dotados para la batalla de la vida 



Es en esta función moral sin tregua, que la ma¬ 
dre debe de estar alerta, complaciéndose en provocar 
confidencias, descubriendo pensamientos recónditos, 
estudiando los diferentes caracteres de sus hijos y 
anudándolos siempre con sus consejos, dulzura, con¬ 
suelos, energía y ejemplo. 

Hay en el inmenso piélago de la vida humana, 
horas de infinito desastre, horas amarguísimas, 
pruebas más ó menos granes y desesperadas, según 
la edad en que estallan estos huracanes. 

Horas en que todo falla, hermanos, amigos, 
padre mismo; es entonces, que la madre, con la 
doble vista de un amor maternal, debe de estar 
pronta, para alimar los dolores y levantar las ener¬ 
gías del ser salido de sus entrañas. 

Para esto es, que la mujer tiene que ser fuerte 
y con serenidad de águila que plana en el espacio, 
remontar su alma y ejercitar su inteligencia para 
acudir en las horas difíciles y dolorosas á consolar 
á los que sufren. 

61 cultivo pues y el progreso intelectual de la 
mujer, es ya indiscutible y necesario, 

Hag que buscar y desarrollar en la mujer mo¬ 
derna, el equilibrio mental y físico. Hacerla huir de 
todo snobismo y orientarla hacia las cosas eleva¬ 
das, sencillas, nobles, puras. 

Combatir en ella las exaltaciones exageradas, en¬ 
señarlas á mirar de frente el dolor, sin dejar de 
ejercitarse en la alegría de una conciencia tranquila, 
y de un cuerpo sano. 



Hacerla comprender que toda tendencia á una 
existencia ficticia, nana y lujosa, fuera de sus me¬ 
dios de uida ó de aquellos con que cuentan sus 
padres ó marido, sólo conducen á infortunios y de¬ 
sastres muchas ueces irreparables. 

Hay que educar también á la jouen para que 
así que penetre en el matrimonio, sepa cual es la 
posición del marido,^pues, la ignorancia en que 
muchos hombres tienen á sus mujeres de sus nego¬ 
cios, constituye fuente de grandes males. 

£1 matrimonio, es la unión de dos almas que 
aspiran á confundirse en una sola, es la aspiración 
de dos corazones, que anhelan apoyarse el uno en 
el otro, pero es también una razón social cuyos in¬ 
tereses están ligados. 

Si la mujer cree, que eso que se llama “femi¬ 
nismo” es independencia y franquía de su ser mo¬ 
ral en absoluto, está equiuocada; á lo menos, si esa 
palabra encierra eso, crea que también encierra una 
trampa dolorosa, y es, la destrucción de su ascen¬ 
diente moral sobre el hombre, conquistado por su 
dulzura tierna y abnegada. 

Este, no puede considerar nunca á la mujer 
como su igual. 

£as leyes de la naturaleza, los han formado de 
manera que sea él quien busque sus fauores y la 
solicite para compañera, y ella la que admite ó re¬ 
chace sus anances y ofertas. 

ís cierto, que los ojos traicionan muchas ueces 
los secretos de las almas, pero siempre existirá uio- 



24 !_ 

leticia para una mujer fina y delicada en que se 
descorra por sorpresa, el oelo que cubre su secreto 
y mucho más en dejar que sus labios lo pregonen. 

Esto, ya coloca á la mujer en una especie de 
natural é instintiua dependencia, y por más que no 
ignoro que etisten libros modernos, que pregonan 
en alta 002 que los derechos del instinto amoroso 
son idénticos en hombres y mujeres como lo aseuera 
el libro ultra inmoral de £eón Blum, estoy segura 
que la moral de la sociedad argentina y uruguaya, 
pues en mi corazón no puedo separar á estos dos 
pueblos, rechaza y rechazará siempre, embarcarse en 
una corriente de ideas subuersiuas á la sana moral 
de nuestras abuelas. 


V 

Colocada la mujer sobre la supremacía mascu¬ 
lina en las manifestaciones amorosas del hombre y 
consintiendo ella, en formalizar y santificar su amor 
por el matrimonio, que es base de la familia; sus 
fueros de verdadera independencia quedan muy dis¬ 
minuidos. B no hay más que dos caminos. 

Se uueloe la mujer enemiga del hombre, y esto 
uá en contra de la especie, ó se eleua hacia él para 
acompañarlo y ayudarlo en la lucha por la uida. 

£n el primer caso, el hombre, dejaría de sentir 
por la mujer, esa estimación que prouoca en él, el 
deseo de conquistarla. Su amor sólo sería, un torpe 



_mi 25 

deseo ó capricho de algunas horas. Si llegaba á ad¬ 
mirar su obra intelectual, sería como camarada y 
ahí la combatiría. 

Juzgúese pues, lo que llegarían á ser esos ma¬ 
trimonios del poroenir, con mujeres feministas; 
cuando en vez de ser dos unidades en una cifra ar¬ 
moniosa, que se adapten, se identifiquen, se busquen 
y se complazcan mutuamente haciendo simultáneos 
sacrificios,—serían dos camaradas, dos colegas, sin 
miramientos ni consideraciones el uno para el otro; 
combatiéndose en el terreno de la discusión, en la 
lucha del interés. Surgiendo el feroz egoísmo, de la 
emulación y el triunfo, los sexos quedarían elimina¬ 
dos. Sólo quedaría, la profesión y la concurrencia. 


VI 

Llego al punto más delicado y atacable del “fe¬ 
minismo” en acción. R los hogares. Si éste sigue 
su ruta de absoluta independización, llegará á la 
destrucción paulatina del hogar y por lo tanto de 
la familia. 

fio soy científica, ni pretendo entrar en terreno 
que no comprendo; pero, ya antes de ahora he com¬ 
batido á la mujer que pretende inuadir los domi¬ 
nios del hombre, —considerándola, en este tren como 
una enemiga de la especie; porque creo y conmigo 
muchos hombres y mujeres autorizadas, incompati- 



26 I_ 

bles, las preocupaciones de una profesión liberal y 
el cuidado del hogar. 

Hay que optar, ó se es mujer de acción “femi¬ 
nista” independiente y libre, ó se es madre de fa¬ 
milia y se cuida del hogar. 

fio ataco á las excepciones. 

ya he dicho que soy ardiente partidaria de que 
la instrucción de la mujer, la coloque en situación, 
llegado el caso de asumir las responsabilidades de 
jefe de familia. 

Combato, no obstante, y creo estarán conmigo 
todas las personas sensatas, el que esta tendencia 
se generalice, hasta el punto de mirar como cosa 
secundaria el hogar. 

R mí juicio, la mujer casada, ante todo es y debe 
de ser la soberana de su hogar. 

Soltera y con tiempo libre puede dedicarse á 
donde la llamen las tendencias de su inteligencia; 
siempre que no las traspase. 

Cn las artes en general y en muchos oficios 
que son casi un arte, tiene la mujer un gran campo 
de acción. 

£1 profesorado es casi su carrera más apropiada. 

Iodos los empleos en que pueda ejercitarse su 
habilidad manual y otros como el de cajeras, en¬ 
fermeras, etc. 

Hag algunas materias como la botánica, por 
ejemplo, que cualquier mujer puede abordar, estu¬ 
diar y diuulgar. 

Toda clase de labores de mano. 



Muchos oficios. 

En la literatura en general, puede también ejer¬ 
citar sus facultades. 

Por otra parte no hay que tomar mucho á 
Europa, como modelo de estos adelantos del “femi¬ 
nismo”. Rllt hay factores, que conducen á esas 
causas determinantes, de revoluciones sociales, que 
entre nosotros no tienen razón de ser y que deben 
combatirse desde un principio. 

tluestra idiosincrasia y nuestras tradiciones, 
nos recuerdan hogares, sino tan intelectuales, llenos 
de una sencilla y pura honestidad. 

En efecto, nuestras abuelas no eran tan avan¬ 
zadas en ideas literarias ni científicas, pero eran 
maestras en la cura de almas. Rmaban con sincero 
y abnegado cariño á su marido; tenían muchos 
hijos, que ellas mismas criaban. Conservaban pocas 
pero siempre las mismas amistades toda su vida. 
Comprendían la hospitalidad sin ridicula ostenta¬ 
ción. Su afabilidad y modales eran fruto de una 
esmerada educación. Rmaban á Dios sobre todas las 
cosas y su caridad era inagotable. 

El tipo de la matrona argentina, uruguaya, 
chilena, peruana y de todas las que en la Rmérica 
del Sur, descienden de la hidalga raza española, era 
así. D son ellas, esas madres admirables, patricias 
cumplidas, que amaban á su patria y criaban á sus 
hijos á la sombra de su bandera, cultivando en 
ellos el santo y venerado cariño al suelo nativo. 
Son ellas, las que deben servir de ejemplo para que 



se íes parezcan siempre, las futuras madres argen¬ 
tinas y uruguayas. 

Jóuenes argentinas, jduenes uruguayas, estudiad, 
cultioad nuestro espíritu según el progreso moderno, 
saciad nuestra áuida y curiosa inteligencia atáuica- 
mente enriquecida por sangres cosmopolitas, pero 
pensad en aquellas madres y abuelas, que fueron 
las primeras madres rioplatenses; y que muían bajo 
la protección de la Santa Madre de Dios, de la 
üirgen María el símbolo de la madre misma. 

Entonces había pocas uolterianas y ninguna li¬ 
beral, el feminismo no existía. En cambio había 
heroínas, mujeres grandes, á fuerza de ser sencillas. 
Mujeres que sabían, llegado el momento, infundir 
ualor á sus padres ó sus maridos, á sus hijos y 
sus amantes y hasta sacrificarse y morir por ellos. 

El “feminismo” es lo contrario. Es una forma de 
egoísmo colectiuo y sectario. 

Cultiuad nuestro espíritu jóuenes y madres ar¬ 
gentinas y uruguayas, para formar hombres dignos 
y fuertes, y para ello euocad el tipo moral de nues¬ 
tras antepasadas. Sed la compañera, la amiga, el 
sostén del hombre. Rbrid un libro de historia cual¬ 
quiera ó memorias de grandes hombres y encontra¬ 
réis tipos que os seruirán de modelo. 6 uizot en las 
suyas nos dá á su mujer como un ejemplo, oed lo 
que dice: “Mí casa está llena con el dulce afecto de 
mi Paulina, y este afecto llega á mi alma como una 
claridad de sol; el hombre ansia una felicidad más 
completa y más tierna que aquella que pueden en- 



cender todos los trabajos y los triunfos del esfuerzo 
actiuo é importancia pública. Lo que hoy sé al fin 
de mi carrera, lo he sentido cuando principié y 
mientras continúo. í a más brillante carrera sólo 
tiene goces superficiales é incompletos si permanece 
entraña á los fieles lazos de la familia. Mi mujer 
es mi mejor amiga, y nuestro amor brilla siempre 
en medio de las grandes tormentas de estos últi¬ 
mos tiempos’'. 

rocqueuille, al hablar de su mujer, se empresa 
así : “ Después que he trabajado seis horas seguidas 
y cuando la máquina rehúsa sus servicios, necesito 
mucho descanso para mis neruios doloridos, tío po¬ 
dría continuar mi tarea si no encontrara sin cesar á 
mi lado la serenidad de alma de mi María”. 

Burke, retrata así á su mujer: 

“6s bella, pero de una belleza que no prouiene 
ni de sus facciones, ni de su tez, ni de sus formas. 
Posee todas esas uentajas en grado supremo, pero 
no es por ahí que toca al corazón. Es inteligente, 
pero, lo que hag de delicioso en ella, es la dulzura 
de carácter, la beneuolencia, la inocencia y sensibi¬ 
lidad que se reflejan en su cara. 

“Sus ojos tienen una dulce luz, pero imponen 
respeto cuando quieren, manda como un hombre 
justo, que ejerce su empleo no por la autoridad de 
este, sino por su uirtud”. 

Si he citado estos juicios de grandes hombres 
como ejemplos, es para demostrar que en todas 
épocas han habido mujeres superiores, llenas de ta- 



lento g méritos, hijas, esposas g madres admirables; 
sin que existiese esa plaga erótica de “feminismo”. 

Se puede ser instruida, se debe de ser fuerte y 
estar preparada para toda lucha; pero no se debe 
oluidar que sobre todas las cosas, está el hogar.— 
Rspirad ante todo á ser reina de él, esposa tierna 
g dulce, madre justa g buena; q esta aspiración 
creed que es la corona más santa q gloriosa á que 
puede aspirar una mujer. 

“11 n’g a qu’un bonheur : 

Ce deuoir. 

11 n’g a qu’une consolation: 

Ce trauail. 

11 n’ga qu’une jouissance: 

Ce beau ”. — Carmen Silva. 

“11 n’g a qu’une recompense: 

£’amour”. — Gala Placidia. 


Salve María.